Lo más aterrador de los contratos no es perder dinero, sino hacer que la gente crea que “si solo aguanto un poco más, se recuperará”. Y cuanto más miras, más desordenado se vuelve todo. Cuanto más calculas, más ansiedad sientes. Miras los gráficos hasta el amanecer, tus emociones se ven arrastradas por el mercado, tu sueño consumido por el apalancamiento. Al día siguiente, vuelves a operar, moviéndote como un zombi.

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