Recientemente regresé de San Francisco, y una discusión en una comida me hizo reflexionar sobre las perspectivas económicas de Estados Unidos para el próximo año. Mientras todos hablaban de Florida, Nueva York y California, yo tengo una visión optimista sobre el potencial de otro estado: Texas.



¿Y por qué digo esto? Primero, echemos un vistazo a los datos.

En comparación con los principales estados desarrollados, Texas presenta un conjunto único: la tasa de crecimiento del PIB ocupa el segundo lugar en todo el país, y también es el segundo en número de sedes de empresas del Fortune 1000, pero lo más importante es—entre estos cuatro estados, tiene el precio medio de la vivienda más bajo. En otras palabras, tiene una estructura de costos más eficiente y un mayor potencial de crecimiento. Pero esto es solo la superficie.

La verdadera oportunidad está en lo que viene a continuación.

En estos dos años, todos han estado atentos a los chips de IA y las aplicaciones, pero pocos han notado un cuello de botella clave que se está formando: la capacidad de los centros de datos. Entrenar y operar modelos de lenguaje a gran escala requiere una cantidad inmensa de energía, y la mayoría de las regiones no pueden satisfacer esa demanda. Texas, en cambio, sí.

El estado cuenta con un sistema energético difícil de replicar en otras regiones—una combinación diversificada de petróleo, energía solar, gas natural y energía nuclear. Además, dispone de tierras baratas y una regulación relativamente flexible, lo que permite desplegar infraestructura de manera rápida. Mientras California aún está en proceso de aprobación, y la costa noreste sigue reparando sus redes eléctricas envejecidas, Texas ya está preparando la base para la demanda de computación de los próximos diez años.

Aquí la cadena de reacción es aún más profunda.

¿Pero qué se necesita para construir centros de datos y infraestructura energética a gran escala? Una fuerza laboral enorme. Hablamos de miles de empleos en construcción, operaciones y servicios relacionados—y estos puestos suelen pagar por encima del promedio.

Así se forma la cadena: oportunidades de empleo bien remuneradas → aumento del ingreso disponible → expansión del consumo y la actividad económica local → atracción de más empresas y talentos → más empleos. Texas no solo se beneficiará de la ola de IA, sino que está construyendo un mecanismo de expansión económica auto-reforzado.

¿Y qué significa esto para ti?

Ya sea que trabajes en productos empresariales, bienes de consumo o servicios financieros, la base de clientes en Texas está creciendo rápidamente—no solo en cantidad, sino también en calidad. La llegada masiva de profesionales en tecnología y energía, con altos ingresos, está transformando la estructura económica del estado.

Si en tu plan de negocios para 2026 aún no consideras a Texas, es momento de incluirlo. En lugar de esperar pasivamente a ver si la competencia se decide a ir, mejor toma la iniciativa. El valor de un lugar nunca es solo una cuestión geográfica, sino una cuestión de oportunidades.
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