¿Qué ocurrió en Estados Unidos en 1929? En pocas palabras, fue una caída del paraíso al infierno.
Ese año, el 29 de octubre, la historia lo recuerda como el “Martes Negro”. La bolsa de valores en solo 10 días de negociación perdió 30 mil millones de dólares—hay que recordar que el gasto total de Estados Unidos en toda la Primera Guerra Mundial fue de solo 30 mil millones de dólares. Esto no solo puso fin a la llamada “Prosperidad de Coolidge”, sino que también dio inicio a la Gran Depresión de 1929.
La ilusión de la prosperidad y el colapso repentino
En la víspera de la crisis, los estadounidenses estaban inmersos en una fantasía casi perfecta. Políticas monetarias laxas, un auge en el desarrollo de infraestructura, la popularización de bienes de consumo emergentes—automóviles, radios se convirtieron en estándar para la clase media. La bolsa subió desde más de 60 puntos en 1921 hasta 376 puntos en septiembre de 1929, un aumento de más del cinco veces en ocho años.
Las promesas de campaña en ese entonces eran así: cada hogar estadounidense tendría dos pollos en la cena y dos autos por familia. El nuevo presidente, Herbert Hoover, quería erradicar la pobreza y realizar el sueño americano.
Nadie anticipaba que todo eso se desvanecería en un instante.
¿Qué ocurrió tras el colapso de la bolsa? La economía entró en caída libre.
Para 1933, el PIB de EE. UU. cayó de 203.6 mil millones de dólares a 141.5 mil millones. Lo más impactante fue en el nivel industrial:
La producción automotriz cayó un 95%
La industria del acero se desplomó un 80%
El comercio de importación y exportación se redujo un 77.6%
La producción industrial en general bajó un 55.6%
Más de 86,500 empresas quebraron
Los ingresos agrícolas cayeron de 11.3 mil millones a 4.74 mil millones de dólares
El sistema bancario también entró en reacción en cadena—10500 bancos quebraron, representando el 49% del total en el país. La ola de desempleo azotó a todo el país, una de cada cuatro personas en la fuerza laboral estaba sin trabajo.
Esta crisis duró 12 años. Hasta 1941, la economía estadounidense no volvió a los niveles de 1929.
La política “innovadora” de Hoover: hacer short en todo el mundo
Frente a la caída libre de la economía, el presidente Hoover cometió un error de decisión que quedó en la historia. Creía que el problema no era interno, sino que venía de la entrada masiva de productos extranjeros en el mercado. La lógica era simple: si se expulsan los productos extranjeros, se protege la industria nacional.
Así, en marzo de 1930, la Ley de Aranceles Smoot-Hawley fue aprobada en el Senado con una estrecha ventaja de 44 a 42 votos.
¿Y qué tan poderosa fue esa ley?
Impuso aranceles a más de 3200 productos importados, representando el 60% del total de importaciones
La tasa promedio de aranceles subió a un 48%
Tras su implementación, la tasa arancelaria promedio en EE. UU. alcanzó finalmente un 57.3%—el nivel más alto en la historia del país
En ese momento, 1028 economistas firmaron una carta pidiendo a Hoover que vetara la ley. La calificaron como una medida “extremadamente malvada, coercitiva y repulsiva”. Hoover no hizo caso.
De políticas económicas a una guerra comercial global
Hoover no anticipó que su decisión desencadenaría una reacción en cadena a nivel mundial.
34 países protestaron ante la Casa Blanca. Canadá fue el primero en responder, imponiendo un arancel del 30% a los productos estadounidenses. Luego, Alemania, Reino Unido y otras economías principales siguieron el ejemplo, elevando los aranceles del 10% al 25%. La tasa media de comercio mundial saltó del 10% al 20%.
El sistema de comercio internacional, que alguna vez fue próspero, empezó a desmoronarse. De la noche a la mañana, las flotas de transporte marítimo en todo el mundo perdieron negocio. La industria del acero, la pesca, la agricultura y otros sectores manufactureros sufrieron un impacto total.
Los cambios en el comercio real fueron evidentes:
Las importaciones de EE. UU. desde Europa cayeron de 1.334 mil millones de dólares en 1929 a 390 millones en 1934
Las exportaciones de EE. UU. a Europa bajaron de 2.341 mil millones en 1929 a 784 millones en 1932
Para 1934, el comercio mundial se redujo en más del 60% respecto a antes
Hoover quería proteger la industria estadounidense, pero en cambio cerró la puerta a las exportaciones de productos estadounidenses. La ola de desempleo no mejoró y la deflación se intensificó. Es un ejemplo clásico de “perder para ganar”.
La expansión global y las reacciones políticas tras la Gran Depresión de 1929
Lo más grave fue que esta “guerra mundial económica” sacudió el panorama político global.
Las principales potencias europeas vieron su tasa de crecimiento de exportaciones volverse negativa desde 1930. La confianza y cooperación internacional se vieron gravemente afectadas. Esto sentó las bases para la Segunda Guerra Mundial—el ascenso de Hitler, el auge de la Unión Soviética, todo estrechamente ligado a esta crisis económica.
Canadá se vio obligado a fortalecer sus vínculos económicos con la Mancomunidad Británica. Alemania consideró necesario construir una economía autosuficiente, expandiéndose para recuperar su estatus económico y político. Las relaciones entre Reino Unido y Francia también se acercaron en medio de la crisis.
La corrección de Roosevelt y las lecciones de la historia
En 1933, Hoover dejó el cargo en medio de críticas generalizadas. Franklin D. Roosevelt asumió y rápidamente reconoció la raíz del problema: la recesión del comercio global era la causa fundamental de la depresión.
En 1934, EE. UU. aprobó la Ley de Acuerdos Comerciales de 1934, que gradualmente corrigió los errores de la Ley Smoot-Hawley. Comenzó a negociar acuerdos bilaterales con más de 30 países, reduciendo progresivamente los aranceles y relajando la tensión en la guerra comercial.
Así, la economía estadounidense pudo reactivarse, y las fábricas volvieron a funcionar a toda máquina.
Reflexiones
¿Qué enseñanzas nos deja esta historia hoy?
Hay una frase muy interesante: “Cuando eres pobre, construyes barreras arancelarias para protegerte; cuando eres rico, promueves el libre comercio para beneficiarte.”
Estados Unidos siempre ha mostrado una lógica egoísta—cuando la economía está fuerte, promueve el libre comercio; cuando enfrenta dificultades, construye barreras proteccionistas. En cualquiera de los casos, prioriza sus propios intereses.
La lección de la Gran Depresión de 1929 es que las políticas económicas cortoplacistas, aunque parecen proteger a la industria nacional, en realidad dañan el sistema económico global y terminan perjudicando a todos. La “obra maestra” de Hoover lo demuestra con datos duros: altas tasas de desempleo, economía en recesión, colapso del comercio mundial y cambios políticos turbulentos.
Las políticas económicas que se creen inteligentes, a menudo resultan ser las más costosas de la estupidez.
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La elección de Hoover: la "obra maestra" de la política económica durante la Gran Depresión de 1929
¿Qué ocurrió en Estados Unidos en 1929? En pocas palabras, fue una caída del paraíso al infierno.
Ese año, el 29 de octubre, la historia lo recuerda como el “Martes Negro”. La bolsa de valores en solo 10 días de negociación perdió 30 mil millones de dólares—hay que recordar que el gasto total de Estados Unidos en toda la Primera Guerra Mundial fue de solo 30 mil millones de dólares. Esto no solo puso fin a la llamada “Prosperidad de Coolidge”, sino que también dio inicio a la Gran Depresión de 1929.
La ilusión de la prosperidad y el colapso repentino
En la víspera de la crisis, los estadounidenses estaban inmersos en una fantasía casi perfecta. Políticas monetarias laxas, un auge en el desarrollo de infraestructura, la popularización de bienes de consumo emergentes—automóviles, radios se convirtieron en estándar para la clase media. La bolsa subió desde más de 60 puntos en 1921 hasta 376 puntos en septiembre de 1929, un aumento de más del cinco veces en ocho años.
Las promesas de campaña en ese entonces eran así: cada hogar estadounidense tendría dos pollos en la cena y dos autos por familia. El nuevo presidente, Herbert Hoover, quería erradicar la pobreza y realizar el sueño americano.
Nadie anticipaba que todo eso se desvanecería en un instante.
¿Qué ocurrió tras el colapso de la bolsa? La economía entró en caída libre.
Para 1933, el PIB de EE. UU. cayó de 203.6 mil millones de dólares a 141.5 mil millones. Lo más impactante fue en el nivel industrial:
El sistema bancario también entró en reacción en cadena—10500 bancos quebraron, representando el 49% del total en el país. La ola de desempleo azotó a todo el país, una de cada cuatro personas en la fuerza laboral estaba sin trabajo.
Esta crisis duró 12 años. Hasta 1941, la economía estadounidense no volvió a los niveles de 1929.
La política “innovadora” de Hoover: hacer short en todo el mundo
Frente a la caída libre de la economía, el presidente Hoover cometió un error de decisión que quedó en la historia. Creía que el problema no era interno, sino que venía de la entrada masiva de productos extranjeros en el mercado. La lógica era simple: si se expulsan los productos extranjeros, se protege la industria nacional.
Así, en marzo de 1930, la Ley de Aranceles Smoot-Hawley fue aprobada en el Senado con una estrecha ventaja de 44 a 42 votos.
¿Y qué tan poderosa fue esa ley?
En ese momento, 1028 economistas firmaron una carta pidiendo a Hoover que vetara la ley. La calificaron como una medida “extremadamente malvada, coercitiva y repulsiva”. Hoover no hizo caso.
De políticas económicas a una guerra comercial global
Hoover no anticipó que su decisión desencadenaría una reacción en cadena a nivel mundial.
34 países protestaron ante la Casa Blanca. Canadá fue el primero en responder, imponiendo un arancel del 30% a los productos estadounidenses. Luego, Alemania, Reino Unido y otras economías principales siguieron el ejemplo, elevando los aranceles del 10% al 25%. La tasa media de comercio mundial saltó del 10% al 20%.
El sistema de comercio internacional, que alguna vez fue próspero, empezó a desmoronarse. De la noche a la mañana, las flotas de transporte marítimo en todo el mundo perdieron negocio. La industria del acero, la pesca, la agricultura y otros sectores manufactureros sufrieron un impacto total.
Los cambios en el comercio real fueron evidentes:
Hoover quería proteger la industria estadounidense, pero en cambio cerró la puerta a las exportaciones de productos estadounidenses. La ola de desempleo no mejoró y la deflación se intensificó. Es un ejemplo clásico de “perder para ganar”.
La expansión global y las reacciones políticas tras la Gran Depresión de 1929
Lo más grave fue que esta “guerra mundial económica” sacudió el panorama político global.
Las principales potencias europeas vieron su tasa de crecimiento de exportaciones volverse negativa desde 1930. La confianza y cooperación internacional se vieron gravemente afectadas. Esto sentó las bases para la Segunda Guerra Mundial—el ascenso de Hitler, el auge de la Unión Soviética, todo estrechamente ligado a esta crisis económica.
Canadá se vio obligado a fortalecer sus vínculos económicos con la Mancomunidad Británica. Alemania consideró necesario construir una economía autosuficiente, expandiéndose para recuperar su estatus económico y político. Las relaciones entre Reino Unido y Francia también se acercaron en medio de la crisis.
La corrección de Roosevelt y las lecciones de la historia
En 1933, Hoover dejó el cargo en medio de críticas generalizadas. Franklin D. Roosevelt asumió y rápidamente reconoció la raíz del problema: la recesión del comercio global era la causa fundamental de la depresión.
En 1934, EE. UU. aprobó la Ley de Acuerdos Comerciales de 1934, que gradualmente corrigió los errores de la Ley Smoot-Hawley. Comenzó a negociar acuerdos bilaterales con más de 30 países, reduciendo progresivamente los aranceles y relajando la tensión en la guerra comercial.
Así, la economía estadounidense pudo reactivarse, y las fábricas volvieron a funcionar a toda máquina.
Reflexiones
¿Qué enseñanzas nos deja esta historia hoy?
Hay una frase muy interesante: “Cuando eres pobre, construyes barreras arancelarias para protegerte; cuando eres rico, promueves el libre comercio para beneficiarte.”
Estados Unidos siempre ha mostrado una lógica egoísta—cuando la economía está fuerte, promueve el libre comercio; cuando enfrenta dificultades, construye barreras proteccionistas. En cualquiera de los casos, prioriza sus propios intereses.
La lección de la Gran Depresión de 1929 es que las políticas económicas cortoplacistas, aunque parecen proteger a la industria nacional, en realidad dañan el sistema económico global y terminan perjudicando a todos. La “obra maestra” de Hoover lo demuestra con datos duros: altas tasas de desempleo, economía en recesión, colapso del comercio mundial y cambios políticos turbulentos.
Las políticas económicas que se creen inteligentes, a menudo resultan ser las más costosas de la estupidez.