Los bulldogs franceses se mantienen constantemente en el puesto más querido de Estados Unidos, y es fácil entender por qué: sus rasgos distintivos y personalidades encantadoras los convierten en compañeros irresistibles. Sin embargo, detrás de esas adorables orejas en forma de murciélago y cuerpos compactos se esconde una realidad preocupante: los franceses enfrentan una carga inusualmente alta de complicaciones de salud. Un estudio exhaustivo del Royal Veterinary College que analizó a más de 2,000 bulldogs franceses reveló que el 72% experimentó al menos un trastorno importante, una estadística que debería preocupar a cualquier posible dueño.
Esta vulnerabilidad proviene de décadas de cría selectiva que priorizó la apariencia sobre la salud. Los criadores han exagerado las características que definen la raza—la cara plana, el marco compacto y los pliegues de piel pronunciados—creando una cascada de problemas fisiológicos que los franceses llevan desde el nacimiento.
La crisis respiratoria: por qué tu Frenchie sufre en el calor
La amenaza de salud más apremiante que enfrentan los bulldogs franceses es el Síndrome de Obstrucción de las Vías Respiratorias Braquicefálicas (BOAS), una condición respiratoria progresiva que afecta aproximadamente a la mitad de todos los franceses. Este trastorno combina tres defectos anatómicos: narinas estrechas, paladar blando alargado y tráquea comprimida.
Los perros con BOAS muestran síntomas inconfundibles—jadeo excesivo, dificultad durante el ejercicio, intolerancia al calor y ronquidos peculiares incluso cuando están despiertos. En casos severos, los perros afectados pueden colapsar sin advertencia o experimentar apnea del sueño. La condición empeora con el tiempo y puede acortar la esperanza de vida del perro.
La relación entre la forma de las narinas y el riesgo de BOAS es sorprendente: los franceses con narinas moderada a severamente estrechas son aproximadamente 20 veces más susceptibles a desarrollar este síndrome. Una inspección visual simple de las narinas de tu perro puede indicar el nivel de riesgo, haciendo que la evaluación temprana sea crucial.
Manejo y tratamiento del BOAS:
Los casos leves responden bien a enfoques conservadores: actividad limitada, control de peso, evitar el exposición al calor y reducción del estrés. Para perros que necesitan apoyo adicional, la terapia de oxígeno y los medicamentos antiinflamatorios proporcionan alivio temporal. La intervención quirúrgica se vuelve necesaria cuando la respiración se ve críticamente comprometida—los procedimientos pueden ampliar las narinas constriñidas y recortar el exceso de paladar blando para mejorar el flujo de aire.
La mayoría de los diagnósticos de BOAS ocurren entre los 1 y 4 años, pero la condición puede aparecer más tarde. La revisión veterinaria a los 1 año seguida de controles bienales ayuda a detectar la progresión a tiempo.
Golpe de calor: una emergencia que puede ser mortal
Debido a sus sistemas respiratorios comprometidos, los bulldogs franceses enfrentan un riesgo de golpe de calor que supera al de otras razas. La investigación demuestra que los franceses sufren golpes de calor a una tasa seis veces mayor que los labradores—una disparidad asombrosa impulsada enteramente por la fisiología de la raza.
Los signos de advertencia se desarrollan rápidamente: jadeo incontrolable, salivación excesiva, vómitos, temblores, desorientación y, en situaciones críticas, pérdida de conciencia. La humedad es tan peligrosa como el sol directo; el golpe de calor puede ocurrir incluso en días nublados y templados en climas tropicales.
La respuesta inmediata es crucial:
Si tu Frenchie muestra síntomas de golpe de calor, acudir rápidamente a una clínica veterinaria de emergencia es esencial. Contrario a la intuición, verter agua con hielo sobre un perro sobrecalentado puede causar un shock peligroso. En su lugar, aplica alcohol en las patas—esto ayuda a enfriar sin que la temperatura caiga bruscamente. Esta intervención sencilla, combinada con atención profesional rápida, mejora significativamente las probabilidades de supervivencia.
El tratamiento veterinario incluye terapia con líquidos intravenosos, soporte de oxígeno y, a veces, antibióticos o medicamentos anticonvulsivos según el daño en órganos. La recuperación suele durar entre dos y cinco días. Si no se trata, el golpe de calor puede provocar insuficiencia renal, trastornos de coagulación y la muerte.
La prevención requiere vigilancia constante: limitar la exposición al exterior en clima cálido, mantener una hidratación constante, nunca dejar a tu Frenchie en un coche estacionado y evitar paseos al mediodía durante los meses de verano.
Complicaciones oculares: múltiples amenazas a la visión
Las características anatómicas que hacen a los franceses visualmente distintivos—sus ojos grandes y saltones y los hocicos cortos—crean múltiples problemas oculares.
Ojo seco crónico (Keratoconjunctivitis Sicca):
La producción insuficiente de lágrimas causa inflamación de la córnea caracterizada por sensibilidad, parpadeo excesivo, enrojecimiento y secreción amarillenta. Aunque generalmente es hereditaria, condiciones como el hipotiroidismo pueden desencadenarla secundariamente. Las gotas de reemplazo de lágrimas y los medicamentos que estimulan la producción lacrimal controlan la mayoría de los casos, aunque las instancias severas pueden requerir cirugía especializada que redirige las glándulas salivales para reemplazar las lágrimas.
Ojo de cereza:
Esta condición genética ocurre cuando los ligamentos que soportan la glándula lagrimal fallan, permitiendo que prolapse hacia afuera como una masa rosada en la esquina del ojo. La cereza de ojo no tratada progresa a conjuntivitis, ojo seco y, eventualmente, pérdida de visión o cicatrices en la córnea. La reposición quirúrgica y la fijación de la glándula debajo del párpado ofrecen una resolución permanente con altas tasas de éxito. La recuperación postoperatoria dura aproximadamente dos semanas con antibióticos tópicos y collar isabelino.
Entropión (Párpado que se enrolla hacia adentro):
Esta condición hereditaria hace que el margen del párpado se doble hacia adentro, rozando continuamente las pestañas contra la córnea. Los síntomas incluyen lágrimas, parpadeo frecuente y secreción. La cirugía de blefaroplastia elimina el exceso de piel del párpado para corregir la inversión, y la recuperación suele requerir de 10 a 14 días.
Úlceras corneales:
Más del 15% de los bulldogs franceses desarrollan heridas abiertas en la córnea, ya sea de forma independiente o secundaria a otras condiciones oculares. Se presentan como ojos rojos, nublados o hinchados con posible secreción. La mayoría responde a antibióticos tópicos y alivio del dolor, aunque las ulceraciones severas pueden requerir procedimientos de injerto quirúrgico.
Infecciones en pliegues cutáneos: el problema oculto
Esos adorables pliegues y arrugas crean ambientes ideales para la proliferación bacteriana y fúngica. La humedad, partículas de comida y residuos se acumulan en los pliegues sobre la nariz, alrededor de la cola y en las hembras, alrededor de la vulva—provocando infecciones dolorosas.
La dermatitis en los pliegues inicial se presenta como enrojecimiento, sensibilidad y un olor fétido característico. Sin intervención, la colonización bacteriana progresa a una infección completa con pérdida de pelo, secreción cremosa y, en hembras, infecciones del tracto urinario.
El mantenimiento diario es imprescindible:
Prevenir la escalada requiere higiene diaria constante. Usa toallitas antimicrobianas, paños húmedos o toallitas para bebés sin fragancia para limpiar a fondo todos los pliegues, y sécalos completamente para eliminar la humedad que favorece el crecimiento bacteriano. Los baños mensuales complementan el cuidado diario. Cuando se desarrolla una infección, los veterinarios prescriben champús antimicrobianos, medicamentos antifúngicos, antibióticos y tratamientos tópicos. Las infecciones recurrentes exigen tratamientos prolongados y mayor frecuencia en la limpieza.
Deterioro articular: displasia de cadera y codo
Aunque generalmente se asocia con razas grandes, la displasia de cadera afecta a muchos franceses debido a predisposición genética. El desarrollo anormal de la articulación de la cadera genera laxitud e inestabilidad, manifestándose en dificultad para caminar, marcha anormal y dolor. Los síntomas pueden aparecer alrededor de los cinco meses o desarrollarse más tarde en la vida.
Sin tratamiento, la displasia de cadera progresa a osteoartritis y daño articular permanente. Los casos leves se estabilizan con medicamentos antiinflamatorios no esteroideos y suplementos articulares que contienen glucosamina y ácidos grasos omega-3. La fisioterapia proporciona apoyo adicional. Los casos severos requieren intervención quirúrgica para restaurar la función articular adecuada.
Displasia de codo—una preocupación emergente:
La displasia de codo, que implica un desarrollo anormal de la articulación que desajusta la distribución del peso, afecta cada vez más a los franceses modernos. Los perros muestran cojera, reluctancia a ejercitarse, patas que rotan hacia adentro con codos que se abren hacia afuera y crujidos audibles en las articulaciones. La condición proviene de la cría selectiva que enfatiza extremidades delanteras exageradamente arqueadas.
La identificación temprana mediante evaluación veterinaria permite suplementación preventiva para detener la progresión. La displasia establecida responde a restricción de ejercicio, fisioterapia, medicamentos articulares y, potencialmente, cirugía. Sin manejo, la displasia de codo progresa a artritis y dolor crónico.
Problemas en los oídos: desde infecciones hasta sordera
Las orejas grandes y caídas atrapan suciedad y residuos, y la predisposición de los franceses a las alergias aumenta el riesgo de infecciones. Los oídos infectados muestran enrojecimiento, secreción maloliente, tejido costroso en el canal y picazón intensa. Las infecciones no tratadas avanzan a daño neurológico, trastornos del equilibrio, sordera parcial o pérdida auditiva permanente.
Los medicamentos tópicos con antibióticos y antifúngicos tratan infecciones agudas, seguidos de aplicación en casa de gotas recetadas. La prevención requiere limpieza de oídos cada dos semanas usando enjuagues antimicrobianos recomendados por el veterinario.
Sordera congénita:
Algunos franceses nacen sordos o desarrollan sordera en las semanas posteriores al nacimiento. Una prueba de respuesta auditiva del tronco cerebral (BAER) usando electrodos en los oídos puede confirmar el estado auditivo desde las dos semanas de edad. Desafortunadamente, la sordera genética no tiene cura, por lo que los dueños deben adaptarse mediante entrenamiento con señales manuales, supervisión constante y espacios cerrados seguros para garantizar la seguridad.
Preparándose para ser dueño: seguros y cuidado a largo plazo
El seguro para mascotas para bulldogs franceses suele costar $40-$80 mensuales pero rara vez cubre condiciones específicas de raza como BOAS, displasia de cadera y entropión, que se consideran preexistentes. La cobertura generalmente aplica a accidentes, alergias, infecciones cutáneas, problemas en los oídos y úlceras corneales.
Los franceses exigen un manejo de salud de alto mantenimiento: limpieza facial y de oídos diaria, cepillado frecuente de dientes (su estructura bucal favorece enfermedades periodontales), evitar el calor, controlar la humedad y monitoreo cuidadoso durante la actividad física. Son malos nadadores por sus patas cortas y pecho pesado, requiriendo chalecos salvavidas para cualquier exposición al agua.
Los criadores éticos y reputados producen perros más sanos que viven entre 10 y 13 años, mientras que los cachorros de criadores irresponsables suelen sobrevivir solo entre 4 y 6 años. La French Bulldog Club of America y el American Kennel Club mantienen servicios de referencia de criadores que aseguran que elijas fuentes responsables.
Consideraciones críticas:
Los franceses no son adecuados para climas tropicales ni hogares sin aire acondicionado confiable. No deben volar, ya que la presión en la cabina agrava la dificultad respiratoria y el estrés. Su dependencia emocional hace que la ansiedad por separación complique aún más los viajes en avión.
A pesar de estos desafíos, los franceses tienen personalidades notables—son inteligentes, afectuosos, adaptables y compatibles con familias de cualquier composición. Requieren hasta una hora de ejercicio diario, aunque los perros afectados por BOAS solo necesitan actividad en interiores. Su motivación por la comida hace que el entrenamiento sea muy alcanzable, a pesar de su ocasional terquedad.
Ser dueño de un bulldog francés implica comprometerse con una gestión activa de la salud, gastos veterinarios sustanciales y modificaciones ambientales constantes. Sin embargo, para quienes estén preparados para estas demandas, estos encantadores compañeros ofrecen una compañía y alegría incomparables.
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Problemas de salud del Bulldog Francés: Todo lo que los propietarios deben saber antes de traer uno a casa
Los bulldogs franceses se mantienen constantemente en el puesto más querido de Estados Unidos, y es fácil entender por qué: sus rasgos distintivos y personalidades encantadoras los convierten en compañeros irresistibles. Sin embargo, detrás de esas adorables orejas en forma de murciélago y cuerpos compactos se esconde una realidad preocupante: los franceses enfrentan una carga inusualmente alta de complicaciones de salud. Un estudio exhaustivo del Royal Veterinary College que analizó a más de 2,000 bulldogs franceses reveló que el 72% experimentó al menos un trastorno importante, una estadística que debería preocupar a cualquier posible dueño.
Esta vulnerabilidad proviene de décadas de cría selectiva que priorizó la apariencia sobre la salud. Los criadores han exagerado las características que definen la raza—la cara plana, el marco compacto y los pliegues de piel pronunciados—creando una cascada de problemas fisiológicos que los franceses llevan desde el nacimiento.
La crisis respiratoria: por qué tu Frenchie sufre en el calor
La amenaza de salud más apremiante que enfrentan los bulldogs franceses es el Síndrome de Obstrucción de las Vías Respiratorias Braquicefálicas (BOAS), una condición respiratoria progresiva que afecta aproximadamente a la mitad de todos los franceses. Este trastorno combina tres defectos anatómicos: narinas estrechas, paladar blando alargado y tráquea comprimida.
Los perros con BOAS muestran síntomas inconfundibles—jadeo excesivo, dificultad durante el ejercicio, intolerancia al calor y ronquidos peculiares incluso cuando están despiertos. En casos severos, los perros afectados pueden colapsar sin advertencia o experimentar apnea del sueño. La condición empeora con el tiempo y puede acortar la esperanza de vida del perro.
La relación entre la forma de las narinas y el riesgo de BOAS es sorprendente: los franceses con narinas moderada a severamente estrechas son aproximadamente 20 veces más susceptibles a desarrollar este síndrome. Una inspección visual simple de las narinas de tu perro puede indicar el nivel de riesgo, haciendo que la evaluación temprana sea crucial.
Manejo y tratamiento del BOAS:
Los casos leves responden bien a enfoques conservadores: actividad limitada, control de peso, evitar el exposición al calor y reducción del estrés. Para perros que necesitan apoyo adicional, la terapia de oxígeno y los medicamentos antiinflamatorios proporcionan alivio temporal. La intervención quirúrgica se vuelve necesaria cuando la respiración se ve críticamente comprometida—los procedimientos pueden ampliar las narinas constriñidas y recortar el exceso de paladar blando para mejorar el flujo de aire.
La mayoría de los diagnósticos de BOAS ocurren entre los 1 y 4 años, pero la condición puede aparecer más tarde. La revisión veterinaria a los 1 año seguida de controles bienales ayuda a detectar la progresión a tiempo.
Golpe de calor: una emergencia que puede ser mortal
Debido a sus sistemas respiratorios comprometidos, los bulldogs franceses enfrentan un riesgo de golpe de calor que supera al de otras razas. La investigación demuestra que los franceses sufren golpes de calor a una tasa seis veces mayor que los labradores—una disparidad asombrosa impulsada enteramente por la fisiología de la raza.
Los signos de advertencia se desarrollan rápidamente: jadeo incontrolable, salivación excesiva, vómitos, temblores, desorientación y, en situaciones críticas, pérdida de conciencia. La humedad es tan peligrosa como el sol directo; el golpe de calor puede ocurrir incluso en días nublados y templados en climas tropicales.
La respuesta inmediata es crucial:
Si tu Frenchie muestra síntomas de golpe de calor, acudir rápidamente a una clínica veterinaria de emergencia es esencial. Contrario a la intuición, verter agua con hielo sobre un perro sobrecalentado puede causar un shock peligroso. En su lugar, aplica alcohol en las patas—esto ayuda a enfriar sin que la temperatura caiga bruscamente. Esta intervención sencilla, combinada con atención profesional rápida, mejora significativamente las probabilidades de supervivencia.
El tratamiento veterinario incluye terapia con líquidos intravenosos, soporte de oxígeno y, a veces, antibióticos o medicamentos anticonvulsivos según el daño en órganos. La recuperación suele durar entre dos y cinco días. Si no se trata, el golpe de calor puede provocar insuficiencia renal, trastornos de coagulación y la muerte.
La prevención requiere vigilancia constante: limitar la exposición al exterior en clima cálido, mantener una hidratación constante, nunca dejar a tu Frenchie en un coche estacionado y evitar paseos al mediodía durante los meses de verano.
Complicaciones oculares: múltiples amenazas a la visión
Las características anatómicas que hacen a los franceses visualmente distintivos—sus ojos grandes y saltones y los hocicos cortos—crean múltiples problemas oculares.
Ojo seco crónico (Keratoconjunctivitis Sicca):
La producción insuficiente de lágrimas causa inflamación de la córnea caracterizada por sensibilidad, parpadeo excesivo, enrojecimiento y secreción amarillenta. Aunque generalmente es hereditaria, condiciones como el hipotiroidismo pueden desencadenarla secundariamente. Las gotas de reemplazo de lágrimas y los medicamentos que estimulan la producción lacrimal controlan la mayoría de los casos, aunque las instancias severas pueden requerir cirugía especializada que redirige las glándulas salivales para reemplazar las lágrimas.
Ojo de cereza:
Esta condición genética ocurre cuando los ligamentos que soportan la glándula lagrimal fallan, permitiendo que prolapse hacia afuera como una masa rosada en la esquina del ojo. La cereza de ojo no tratada progresa a conjuntivitis, ojo seco y, eventualmente, pérdida de visión o cicatrices en la córnea. La reposición quirúrgica y la fijación de la glándula debajo del párpado ofrecen una resolución permanente con altas tasas de éxito. La recuperación postoperatoria dura aproximadamente dos semanas con antibióticos tópicos y collar isabelino.
Entropión (Párpado que se enrolla hacia adentro):
Esta condición hereditaria hace que el margen del párpado se doble hacia adentro, rozando continuamente las pestañas contra la córnea. Los síntomas incluyen lágrimas, parpadeo frecuente y secreción. La cirugía de blefaroplastia elimina el exceso de piel del párpado para corregir la inversión, y la recuperación suele requerir de 10 a 14 días.
Úlceras corneales:
Más del 15% de los bulldogs franceses desarrollan heridas abiertas en la córnea, ya sea de forma independiente o secundaria a otras condiciones oculares. Se presentan como ojos rojos, nublados o hinchados con posible secreción. La mayoría responde a antibióticos tópicos y alivio del dolor, aunque las ulceraciones severas pueden requerir procedimientos de injerto quirúrgico.
Infecciones en pliegues cutáneos: el problema oculto
Esos adorables pliegues y arrugas crean ambientes ideales para la proliferación bacteriana y fúngica. La humedad, partículas de comida y residuos se acumulan en los pliegues sobre la nariz, alrededor de la cola y en las hembras, alrededor de la vulva—provocando infecciones dolorosas.
La dermatitis en los pliegues inicial se presenta como enrojecimiento, sensibilidad y un olor fétido característico. Sin intervención, la colonización bacteriana progresa a una infección completa con pérdida de pelo, secreción cremosa y, en hembras, infecciones del tracto urinario.
El mantenimiento diario es imprescindible:
Prevenir la escalada requiere higiene diaria constante. Usa toallitas antimicrobianas, paños húmedos o toallitas para bebés sin fragancia para limpiar a fondo todos los pliegues, y sécalos completamente para eliminar la humedad que favorece el crecimiento bacteriano. Los baños mensuales complementan el cuidado diario. Cuando se desarrolla una infección, los veterinarios prescriben champús antimicrobianos, medicamentos antifúngicos, antibióticos y tratamientos tópicos. Las infecciones recurrentes exigen tratamientos prolongados y mayor frecuencia en la limpieza.
Deterioro articular: displasia de cadera y codo
Aunque generalmente se asocia con razas grandes, la displasia de cadera afecta a muchos franceses debido a predisposición genética. El desarrollo anormal de la articulación de la cadera genera laxitud e inestabilidad, manifestándose en dificultad para caminar, marcha anormal y dolor. Los síntomas pueden aparecer alrededor de los cinco meses o desarrollarse más tarde en la vida.
Sin tratamiento, la displasia de cadera progresa a osteoartritis y daño articular permanente. Los casos leves se estabilizan con medicamentos antiinflamatorios no esteroideos y suplementos articulares que contienen glucosamina y ácidos grasos omega-3. La fisioterapia proporciona apoyo adicional. Los casos severos requieren intervención quirúrgica para restaurar la función articular adecuada.
Displasia de codo—una preocupación emergente:
La displasia de codo, que implica un desarrollo anormal de la articulación que desajusta la distribución del peso, afecta cada vez más a los franceses modernos. Los perros muestran cojera, reluctancia a ejercitarse, patas que rotan hacia adentro con codos que se abren hacia afuera y crujidos audibles en las articulaciones. La condición proviene de la cría selectiva que enfatiza extremidades delanteras exageradamente arqueadas.
La identificación temprana mediante evaluación veterinaria permite suplementación preventiva para detener la progresión. La displasia establecida responde a restricción de ejercicio, fisioterapia, medicamentos articulares y, potencialmente, cirugía. Sin manejo, la displasia de codo progresa a artritis y dolor crónico.
Problemas en los oídos: desde infecciones hasta sordera
Las orejas grandes y caídas atrapan suciedad y residuos, y la predisposición de los franceses a las alergias aumenta el riesgo de infecciones. Los oídos infectados muestran enrojecimiento, secreción maloliente, tejido costroso en el canal y picazón intensa. Las infecciones no tratadas avanzan a daño neurológico, trastornos del equilibrio, sordera parcial o pérdida auditiva permanente.
Los medicamentos tópicos con antibióticos y antifúngicos tratan infecciones agudas, seguidos de aplicación en casa de gotas recetadas. La prevención requiere limpieza de oídos cada dos semanas usando enjuagues antimicrobianos recomendados por el veterinario.
Sordera congénita:
Algunos franceses nacen sordos o desarrollan sordera en las semanas posteriores al nacimiento. Una prueba de respuesta auditiva del tronco cerebral (BAER) usando electrodos en los oídos puede confirmar el estado auditivo desde las dos semanas de edad. Desafortunadamente, la sordera genética no tiene cura, por lo que los dueños deben adaptarse mediante entrenamiento con señales manuales, supervisión constante y espacios cerrados seguros para garantizar la seguridad.
Preparándose para ser dueño: seguros y cuidado a largo plazo
El seguro para mascotas para bulldogs franceses suele costar $40-$80 mensuales pero rara vez cubre condiciones específicas de raza como BOAS, displasia de cadera y entropión, que se consideran preexistentes. La cobertura generalmente aplica a accidentes, alergias, infecciones cutáneas, problemas en los oídos y úlceras corneales.
Los franceses exigen un manejo de salud de alto mantenimiento: limpieza facial y de oídos diaria, cepillado frecuente de dientes (su estructura bucal favorece enfermedades periodontales), evitar el calor, controlar la humedad y monitoreo cuidadoso durante la actividad física. Son malos nadadores por sus patas cortas y pecho pesado, requiriendo chalecos salvavidas para cualquier exposición al agua.
Los criadores éticos y reputados producen perros más sanos que viven entre 10 y 13 años, mientras que los cachorros de criadores irresponsables suelen sobrevivir solo entre 4 y 6 años. La French Bulldog Club of America y el American Kennel Club mantienen servicios de referencia de criadores que aseguran que elijas fuentes responsables.
Consideraciones críticas:
Los franceses no son adecuados para climas tropicales ni hogares sin aire acondicionado confiable. No deben volar, ya que la presión en la cabina agrava la dificultad respiratoria y el estrés. Su dependencia emocional hace que la ansiedad por separación complique aún más los viajes en avión.
A pesar de estos desafíos, los franceses tienen personalidades notables—son inteligentes, afectuosos, adaptables y compatibles con familias de cualquier composición. Requieren hasta una hora de ejercicio diario, aunque los perros afectados por BOAS solo necesitan actividad en interiores. Su motivación por la comida hace que el entrenamiento sea muy alcanzable, a pesar de su ocasional terquedad.
Ser dueño de un bulldog francés implica comprometerse con una gestión activa de la salud, gastos veterinarios sustanciales y modificaciones ambientales constantes. Sin embargo, para quienes estén preparados para estas demandas, estos encantadores compañeros ofrecen una compañía y alegría incomparables.