#美联储降息政策 Ver el nombre de Waller volver a surgir, me da una sensación de repetición histórica familiar. Hace más de una década, tras la crisis financiera, la selección del presidente de la Reserva Federal también provocó especulaciones recurrentes en el mercado, y en ese entonces, la orientación política de Bernanke determinó la lógica de asignación de activos de los diez años siguientes. La situación actual es muy similar, solo que en un contexto diferente.
La postura política de Waller en realidad es bastante clara: es un firme defensor de la bajada de tipos, y ya ha mostrado esta tendencia dentro de la Reserva Federal. Desde su voto en contra en julio hasta convertirse ahora en un candidato popular, este cambio refleja la evolución del entorno del mercado. Lo que dice sobre que "el mercado laboral está muy débil" y que "no hay prisa por bajar los tipos" puede parecer contradictorio, pero en realidad es una declaración típica de los bancos centrales bajo presión política: quieren transmitir una señal de relajación monetaria, pero también mantener una rigurosidad técnica.
Lo que realmente merece atención es la lógica de juego de poder subyacente. La actitud de Trump respecto a la independencia de la Reserva Federal ha sido siempre clara, y Waller en una entrevista enfatizó que "por supuesto" destacaría la independencia ante Trump, lo cual en sí mismo revela el problema. Nosotros, que hemos vivido la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis de las hipotecas subprime de 2008, hemos visto muchas veces que los ciclos de bajada de tipos bajo intervención política suelen estimular el mercado a corto plazo, pero a costa de burbujas de activos y expansión del crédito a medio y largo plazo.
El cambio en la presidencia de la Reserva Federal suele ser un momento clave. Independientemente de quién ocupe finalmente el cargo, el ritmo y la intensidad de este ciclo de bajada de tipos influirán directamente en la tendencia de los precios de los activos en los próximos dos o tres años. La historia nos enseña que los inversores que logran identificar con anticipación estos cambios en la política pueden aprovechar las ventanas de inversión más favorables.
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#美联储降息政策 Ver el nombre de Waller volver a surgir, me da una sensación de repetición histórica familiar. Hace más de una década, tras la crisis financiera, la selección del presidente de la Reserva Federal también provocó especulaciones recurrentes en el mercado, y en ese entonces, la orientación política de Bernanke determinó la lógica de asignación de activos de los diez años siguientes. La situación actual es muy similar, solo que en un contexto diferente.
La postura política de Waller en realidad es bastante clara: es un firme defensor de la bajada de tipos, y ya ha mostrado esta tendencia dentro de la Reserva Federal. Desde su voto en contra en julio hasta convertirse ahora en un candidato popular, este cambio refleja la evolución del entorno del mercado. Lo que dice sobre que "el mercado laboral está muy débil" y que "no hay prisa por bajar los tipos" puede parecer contradictorio, pero en realidad es una declaración típica de los bancos centrales bajo presión política: quieren transmitir una señal de relajación monetaria, pero también mantener una rigurosidad técnica.
Lo que realmente merece atención es la lógica de juego de poder subyacente. La actitud de Trump respecto a la independencia de la Reserva Federal ha sido siempre clara, y Waller en una entrevista enfatizó que "por supuesto" destacaría la independencia ante Trump, lo cual en sí mismo revela el problema. Nosotros, que hemos vivido la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis de las hipotecas subprime de 2008, hemos visto muchas veces que los ciclos de bajada de tipos bajo intervención política suelen estimular el mercado a corto plazo, pero a costa de burbujas de activos y expansión del crédito a medio y largo plazo.
El cambio en la presidencia de la Reserva Federal suele ser un momento clave. Independientemente de quién ocupe finalmente el cargo, el ritmo y la intensidad de este ciclo de bajada de tipos influirán directamente en la tendencia de los precios de los activos en los próximos dos o tres años. La historia nos enseña que los inversores que logran identificar con anticipación estos cambios en la política pueden aprovechar las ventanas de inversión más favorables.