#AI与加密货币结合 Al ver este análisis de QCP, de repente me viene a la mente la ola de ICO de 2017. En aquel entonces también vimos escenarios similares: un flujo masivo de capital, valoraciones en constante aumento, pero con muy pocos proyectos que realmente generaran flujo de caja. En aquel momento, mucha gente pensaba que la tecnología en sí misma se convertiría automáticamente en valor, pero ¿el resultado? El colapso de 2018 dejó a muchos sin nada.
Hoy en día, la historia de la infraestructura de IA suena muy familiar. El capital sigue fluyendo, chips, potencia de cálculo y centros de datos uno tras otro, pero el proceso de monetización claramente va rezagado. No es un problema nuevo, solo ha cambiado de piel. La diferencia es que esta vez el volumen es mayor: estamos hablando de inversiones en el orden de miles de millones de dólares, y si las expectativas cambian, ¿qué magnitud tendrá el impacto?
Lo que resulta aún más interesante es el mercado de criptomonedas. La acción de MSCI de revisar los índices de activos digitales puede parecer muy técnica, pero lo que refleja en el fondo es un cambio sutil en la confianza de las instituciones en este campo. La salida de 2,8 mil millones de dólares en fondos pasivos puede no parecer mucho, pero a menudo es el preludio a una liberación de riesgos. Lo he experimentado muchas veces: las movilizaciones a nivel institucional no suelen ser el final, sino una señal.
La reevaluación del valor en 2026 quizás no se limite solo a las acciones de IA. Si las expectativas de crecimiento se rompen por completo, el efecto de derrame afectará a todo el campo de los activos de riesgo, incluyendo las criptomonedas. No es una alarmante predicción mía, sino una repetición de la historia. La cuestión ahora no es si la tecnología tiene futuro, sino el creciente abismo entre el ritmo de inversión y el crecimiento real de ingresos. Hay que estar alerta.
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#AI与加密货币结合 Al ver este análisis de QCP, de repente me viene a la mente la ola de ICO de 2017. En aquel entonces también vimos escenarios similares: un flujo masivo de capital, valoraciones en constante aumento, pero con muy pocos proyectos que realmente generaran flujo de caja. En aquel momento, mucha gente pensaba que la tecnología en sí misma se convertiría automáticamente en valor, pero ¿el resultado? El colapso de 2018 dejó a muchos sin nada.
Hoy en día, la historia de la infraestructura de IA suena muy familiar. El capital sigue fluyendo, chips, potencia de cálculo y centros de datos uno tras otro, pero el proceso de monetización claramente va rezagado. No es un problema nuevo, solo ha cambiado de piel. La diferencia es que esta vez el volumen es mayor: estamos hablando de inversiones en el orden de miles de millones de dólares, y si las expectativas cambian, ¿qué magnitud tendrá el impacto?
Lo que resulta aún más interesante es el mercado de criptomonedas. La acción de MSCI de revisar los índices de activos digitales puede parecer muy técnica, pero lo que refleja en el fondo es un cambio sutil en la confianza de las instituciones en este campo. La salida de 2,8 mil millones de dólares en fondos pasivos puede no parecer mucho, pero a menudo es el preludio a una liberación de riesgos. Lo he experimentado muchas veces: las movilizaciones a nivel institucional no suelen ser el final, sino una señal.
La reevaluación del valor en 2026 quizás no se limite solo a las acciones de IA. Si las expectativas de crecimiento se rompen por completo, el efecto de derrame afectará a todo el campo de los activos de riesgo, incluyendo las criptomonedas. No es una alarmante predicción mía, sino una repetición de la historia. La cuestión ahora no es si la tecnología tiene futuro, sino el creciente abismo entre el ritmo de inversión y el crecimiento real de ingresos. Hay que estar alerta.