Últimamente, las noticias sobre Venezuela han generado debates interesantes en el mundo de las criptomonedas. Según diversas fuentes, este país sudamericano podría haber acumulado una cantidad considerable de Bitcoin, aproximadamente entre 600,000 y 660,000 monedas, lo que equivale a unos 60,000 millones a 67,000 millones de dólares. ¿Qué tan exagerada es esta cifra? Representa el 3% del suministro total de Bitcoin en circulación, suficiente para igualar a los grandes poseedores institucionales a nivel mundial.
¿De dónde provienen estos Bitcoins? La historia comienza en 2018. En ese entonces, Venezuela convirtió parte de los ingresos por la exportación de oro del yacimiento de Orinoco en Bitcoin. Más tarde, el proyecto Petro no prosperó, y el régimen exigió a la compañía petrolera estatal que utilizara stablecoins para liquidar el petróleo crudo, y luego convertirlo en Bitcoin. Las ventajas de esta estrategia son evidentes: evitar sanciones internacionales y reducir el riesgo asociado al dólar estadounidense. Además, el gobierno confiscó varios equipos de minería domésticos para ampliar sus reservas.
Verás, esta operación es multifacética y dispersa, y los activos permanecen fuera del alcance de la regulación internacional a largo plazo.
Ahora surge la pregunta: ¿Qué pasaría si Estados Unidos confisca o congela estos Bitcoins? Un caso de referencia en la historia es el de Sajonia, que vendió 50,000 Bitcoins, lo que provocó una corrección significativa en el precio. ¿Y qué pasa con esas 600,000 monedas? Si permanecen bloqueadas a largo plazo, en lugar de causar una caída, podrían generar una contracción estructural en la oferta, proporcionando un soporte a medio y largo plazo para el precio. La lógica funciona al revés.
Las posibles opciones de acción por parte de EE. UU. son aproximadamente tres: congelar judicialmente, incluirlo en las reservas estratégicas nacionales o realizar una venta para liquidar. Las dos primeras son las más realistas y podrían mantener esta parte de la oferta aislada durante 5 a 10 años. Si esto sucede, la narrativa geopolítica del mercado de criptomonedas cambiará, y Bitcoin como «activo soberano de refugio» se presentará en una forma más compleja.
Mirando más allá, el caso de Venezuela en realidad nos envía una señal: en tiempos de sanciones y aislamiento financiero, Bitcoin está jugando un papel cada vez más importante. El desarrollo de esta historia probablemente será un factor clave que influirá en la estructura del mercado de criptomonedas global antes de 2026.
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governance_lurker
· 01-08 00:50
¿De verdad, Venezuela acumuló más de 600,000 monedas? Si este fondo se congela, ¿sería en realidad beneficioso para btc?
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ForkItAll
· 01-06 01:07
¿600.000 monedas? ¿Si realmente se congelan, sería una buena noticia? ¿Por qué siento que esto es un poco absurdo?
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PumpDoctrine
· 01-05 03:46
Soy una ballena de Bitcoin de Venezuela, ustedes los estadounidenses no piensen en mover mi moneda
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ForkItAllDay
· 01-05 03:42
¡Vaya, 600,000 monedas? Si realmente las congelaran en Estados Unidos, en realidad estarían apoyando la posición bajista de BTC, cuanto más lo pienso, más absurdo parece.
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AlwaysMissingTops
· 01-05 03:28
Si esto realmente se congela, sería una buena noticia... La restricción de la oferta es la verdadera clave.
Últimamente, las noticias sobre Venezuela han generado debates interesantes en el mundo de las criptomonedas. Según diversas fuentes, este país sudamericano podría haber acumulado una cantidad considerable de Bitcoin, aproximadamente entre 600,000 y 660,000 monedas, lo que equivale a unos 60,000 millones a 67,000 millones de dólares. ¿Qué tan exagerada es esta cifra? Representa el 3% del suministro total de Bitcoin en circulación, suficiente para igualar a los grandes poseedores institucionales a nivel mundial.
¿De dónde provienen estos Bitcoins? La historia comienza en 2018. En ese entonces, Venezuela convirtió parte de los ingresos por la exportación de oro del yacimiento de Orinoco en Bitcoin. Más tarde, el proyecto Petro no prosperó, y el régimen exigió a la compañía petrolera estatal que utilizara stablecoins para liquidar el petróleo crudo, y luego convertirlo en Bitcoin. Las ventajas de esta estrategia son evidentes: evitar sanciones internacionales y reducir el riesgo asociado al dólar estadounidense. Además, el gobierno confiscó varios equipos de minería domésticos para ampliar sus reservas.
Verás, esta operación es multifacética y dispersa, y los activos permanecen fuera del alcance de la regulación internacional a largo plazo.
Ahora surge la pregunta: ¿Qué pasaría si Estados Unidos confisca o congela estos Bitcoins? Un caso de referencia en la historia es el de Sajonia, que vendió 50,000 Bitcoins, lo que provocó una corrección significativa en el precio. ¿Y qué pasa con esas 600,000 monedas? Si permanecen bloqueadas a largo plazo, en lugar de causar una caída, podrían generar una contracción estructural en la oferta, proporcionando un soporte a medio y largo plazo para el precio. La lógica funciona al revés.
Las posibles opciones de acción por parte de EE. UU. son aproximadamente tres: congelar judicialmente, incluirlo en las reservas estratégicas nacionales o realizar una venta para liquidar. Las dos primeras son las más realistas y podrían mantener esta parte de la oferta aislada durante 5 a 10 años. Si esto sucede, la narrativa geopolítica del mercado de criptomonedas cambiará, y Bitcoin como «activo soberano de refugio» se presentará en una forma más compleja.
Mirando más allá, el caso de Venezuela en realidad nos envía una señal: en tiempos de sanciones y aislamiento financiero, Bitcoin está jugando un papel cada vez más importante. El desarrollo de esta historia probablemente será un factor clave que influirá en la estructura del mercado de criptomonedas global antes de 2026.