Al comprender la historia, se descubre que la esencia del poder no es más que en tres frases.
Primera: La violencia es la etapa infantil del poder Si a los 7 años no quieres comer, tus padres te agarran y te dan una bofetada en el trasero. En ese instante, comprendes una verdad: ante una diferencia absoluta de fuerza, toda capricho tiene un precio doloroso. En ese momento, el poder es violencia. Desde la antigüedad hasta hoy, las guerras entre países, la represión militar de los gobernantes, las castigos en el hogar, se basan en esta lógica simple y brutal: quien puede hacer que el otro soporte el dolor, puede hacer que el otro obedezca. La crueldad del poder violento radica en su inmediatez, sin espacio para la duda, sin dejar margen. Pero también es la forma de poder más frágil, porque una vez que la violencia desaparece, la obediencia se detiene inmediatamente. Segunda: La monopolización de recursos es la forma adulta del poder A los 18 años quieres estudiar arte, y tus padres dicen: "Puedes estudiar humanidades, pero no te damos dinero para vivir." Estás frente a la puerta de la universidad, con solo trescientos yuanes en el bolsillo, y de repente entiendes qué significa "la base económica determina la superestructura". En ese momento, el poder se convierte en monopolización de recursos. En la sociedad moderna, quien controla los recursos, controla la capacidad de elección. El jefe tiene tu salario, la plataforma controla tu tráfico, el banco tiene tu préstamo. De repente, descubrimos que en el mundo de los adultos, "quedarse sin comida" es mucho más efectivo que "golpear o insultar". El poder de los recursos es más inteligente que el poder violento; no necesita mostrar músculo todos los días, solo hacerte saber quién tiene el control. Pero su debilidad también es evidente: en cuanto encuentras recursos alternativos, el poder comienza a debilitarse. Tercera: La ideología es la forma suprema del poder Tienes 30 años, eres económicamente independiente, estás soltero y no quieres volver a casa para una cita durante las vacaciones. Tus padres no te golpearon, ni cortaron tu sustento, solo dijeron con tono melancólico: "El vecino me pregunta si tu hijo tiene algún problema." En ese momento, esa cuerda invisible de "filialidad", "normalidad", "qué dirán los demás" se activa en tu interior. El poder ha alcanzado su máxima evolución: la ideología. En ese momento, el poder ya no proviene de la coerción externa, sino del autojuicio interno. Ellos te convierten en tu propio carcelero. La cultura de la filialidad, las expectativas sociales, la coacción moral, el colectivismo, estas cadenas invisibles, son más firmes que cualquier cerrojo. Porque hacen que, al violar tu voluntad, la primera sensación de culpa la tengas tú mismo. La estructura de poder en la tríada A lo largo de la historia humana, la estructura de poder más estable siempre ha sido la combinación de rey, comerciante y sacerdote: Rey(Disuasión violenta):"Si no obedeces, te castigaré" Comerciante(Control de recursos):"Si obedeces, te daré beneficios" Sacerdote(Ideología):"Obedecer es correcto, bueno y noble" Los estados modernos heredan perfectamente este modelo: el ejército y la policía garantizan la violencia, el sistema económico controla la distribución de recursos, y la educación y los medios de comunicación moldean los valores compartidos. La violencia hace que tu cuerpo se someta, los recursos limitan tus opciones, y la ideología te hace aceptar internamente. Ver la esencia del poder no es para convertirse en el ganador del juego del poder, sino para al menos entender qué juego estás jugando en un juego inevitable. Al fin y al cabo, el control más aterrador es aquel en el que estás controlado, pero piensas que eres libre.
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Al comprender la historia, se descubre que la esencia del poder no es más que en tres frases.
Primera: La violencia es la etapa infantil del poder
Si a los 7 años no quieres comer, tus padres te agarran y te dan una bofetada en el trasero.
En ese instante, comprendes una verdad: ante una diferencia absoluta de fuerza, toda capricho tiene un precio doloroso. En ese momento, el poder es violencia.
Desde la antigüedad hasta hoy, las guerras entre países, la represión militar de los gobernantes, las castigos en el hogar, se basan en esta lógica simple y brutal: quien puede hacer que el otro soporte el dolor, puede hacer que el otro obedezca.
La crueldad del poder violento radica en su inmediatez, sin espacio para la duda, sin dejar margen.
Pero también es la forma de poder más frágil, porque una vez que la violencia desaparece, la obediencia se detiene inmediatamente.
Segunda: La monopolización de recursos es la forma adulta del poder
A los 18 años quieres estudiar arte, y tus padres dicen: "Puedes estudiar humanidades, pero no te damos dinero para vivir."
Estás frente a la puerta de la universidad, con solo trescientos yuanes en el bolsillo, y de repente entiendes qué significa "la base económica determina la superestructura".
En ese momento, el poder se convierte en monopolización de recursos.
En la sociedad moderna, quien controla los recursos, controla la capacidad de elección.
El jefe tiene tu salario, la plataforma controla tu tráfico, el banco tiene tu préstamo. De repente, descubrimos que en el mundo de los adultos, "quedarse sin comida" es mucho más efectivo que "golpear o insultar".
El poder de los recursos es más inteligente que el poder violento; no necesita mostrar músculo todos los días, solo hacerte saber quién tiene el control.
Pero su debilidad también es evidente: en cuanto encuentras recursos alternativos, el poder comienza a debilitarse.
Tercera: La ideología es la forma suprema del poder
Tienes 30 años, eres económicamente independiente, estás soltero y no quieres volver a casa para una cita durante las vacaciones.
Tus padres no te golpearon, ni cortaron tu sustento, solo dijeron con tono melancólico: "El vecino me pregunta si tu hijo tiene algún problema."
En ese momento, esa cuerda invisible de "filialidad", "normalidad", "qué dirán los demás" se activa en tu interior.
El poder ha alcanzado su máxima evolución: la ideología.
En ese momento, el poder ya no proviene de la coerción externa, sino del autojuicio interno. Ellos te convierten en tu propio carcelero.
La cultura de la filialidad, las expectativas sociales, la coacción moral, el colectivismo, estas cadenas invisibles, son más firmes que cualquier cerrojo.
Porque hacen que, al violar tu voluntad, la primera sensación de culpa la tengas tú mismo.
La estructura de poder en la tríada
A lo largo de la historia humana, la estructura de poder más estable siempre ha sido la combinación de rey, comerciante y sacerdote:
Rey(Disuasión violenta):"Si no obedeces, te castigaré"
Comerciante(Control de recursos):"Si obedeces, te daré beneficios" Sacerdote(Ideología):"Obedecer es correcto, bueno y noble"
Los estados modernos heredan perfectamente este modelo: el ejército y la policía garantizan la violencia, el sistema económico controla la distribución de recursos, y la educación y los medios de comunicación moldean los valores compartidos.
La violencia hace que tu cuerpo se someta, los recursos limitan tus opciones, y la ideología te hace aceptar internamente.
Ver la esencia del poder no es para convertirse en el ganador del juego del poder, sino para al menos entender qué juego estás jugando en un juego inevitable.
Al fin y al cabo, el control más aterrador es aquel en el que estás controlado, pero piensas que eres libre.