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El estrecho de Ormuz planea implementar un "sistema de tarifas de acceso", y la disputa entre EE. UU. e Irán vuelve a intensificarse.
(Origen: Noticias de la industria naviera)
El paso de energía más importante del mundo, el estrecho de Ormuz, está en una encrucijada de reglas. El 30 de marzo, hora local, Irán envió una señal contundente: está considerando implementar un sistema de permisos de entrada y cobro para los barcos que atraviesen el estrecho, posiblemente siguiendo modelos como el Canal de Suez o el Canal de Panamá. Esta tendencia, combinada con la actual tensión en Oriente Medio, ha generado rápidamente gran interés en los mercados de transporte, energía y finanzas.
El miembro del Comité de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, Aladin Broujedi, afirmó recientemente que, en el contexto de un entorno internacional complejo y amenazas externas, Irán está evaluando seriamente establecer un nuevo sistema de gestión del estrecho, incluyendo la implementación de un control de acceso más estricto para los barcos que lo atraviesen y la recaudación de tarifas por tránsito y servicios relacionados. Reveló que este sistema se basaría en prácticas internacionales, como la gestión del Bósforo por Turquía, del Canal de Suez por Egipto y del Canal de Panamá. Según el plan, en el futuro, todos los barcos que pasen por el estrecho de Ormuz deberán obtener permiso previo de Irán y pagar las tarifas correspondientes.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Bagheri, también confirmó que en los últimos días algunos barcos han logrado atravesar el estrecho tras coordinarse con las autoridades iraníes. Indicó que, garantizando la seguridad, Irán está gestionando de manera ordenada el tránsito de barcos de países no hostiles, y subrayó que la principal razón por la que actualmente el paso está restringido no es por parte de Irán, sino por la escalada de conflictos en la región.
Sin embargo, esta idea de “cobro + control de acceso” ha provocado una fuerte reacción por parte de Estados Unidos. El secretario de Estado, Blinken, declaró claramente que no permitirá que Irán “controle permanentemente el estrecho de Ormuz y establezca un sistema de cobro”. Afirmó que el objetivo de EE. UU. es completar en “semanas, no meses” las operaciones militares contra Irán, y que también está promoviendo negociaciones diplomáticas a través de terceros, pero preparado para un fracaso en las negociaciones.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, envió señales aún más duras. En redes sociales, afirmó que las conversaciones entre EE. UU. e Irán “han avanzado significativamente”, pero si en el corto plazo no se logra un acuerdo y el estrecho no vuelve a la normalidad, EE. UU. podría atacar infraestructuras clave de Irán, incluyendo plantas de energía, pozos petroleros y puntos estratégicos de energía como la isla de Hormuz.
Frente a estas amenazas, Irán también respondió con firmeza. El director del Fondo de Desarrollo Nacional de Irán afirmó que el sistema eléctrico del país está ampliamente distribuido y no puede ser destruido por completo; si fuera atacado, Irán tiene la capacidad de sumir a toda la región en un apagón masivo. Además, advirtió que los países que apoyen acciones de EE. UU. e Israel podrían pagar un precio en el futuro.
Más allá del enfrentamiento militar, la seguridad marítima también presenta cambios sutiles. El último informe del Centro de Información Marítima Conjunta indica que, aunque el riesgo en el estrecho de Ormuz y en el Golfo Pérsico sigue siendo alto, las interferencias electrónicas que anteriormente afectaban gravemente los sistemas de localización de los barcos han disminuido notablemente. Este cambio ha permitido que la posición de los barcos varados se vuelva más clara, ayudando a aliviar algunas preocupaciones de armadores y aseguradoras. Datos muestran que desde el 20 de marzo, Irán no ha lanzado nuevos ataques contra barcos comerciales, tras un total de 21 incidentes y ataques confirmados y reportados en el mar.
No obstante, los analistas consideran que la reducción de interferencias puede estar relacionada con una pérdida de capacidad de Irán o con una fase de alivio en la situación regional, pero el riesgo general aún no ha desaparecido. Un experto en defensa y seguridad de la Universidad de Australia Occidental señaló que la navegación en el estrecho sigue siendo incierta, especialmente por los peligros que conlleva la distorsión de datos de navegación. En casos extremos, algunos barcos incluso han sido aconsejados de apagar sus sistemas de identificación automática y navegar a simple vista, lo que sin duda aumenta la dificultad y el costo de las operaciones marítimas.
Es importante destacar que, pese a la tensión, el tránsito por el estrecho no se ha detenido por completo. Trump reveló que Irán ha permitido que algunos petroleros con bandera paquistaní pasen por el estrecho, aumentando de 10 a 20 el número de barcos, lo que muestra una estrategia de “liberación selectiva”.
En el mercado, los analistas ven que la situación actual sigue un ciclo típico de “presión — distensión”. Por un lado, EE. UU. continúa enviando señales duras, intentando presionar militar y diplomáticamente; por otro, en un contexto de precios energéticos y mercados financieros presionados, hay una necesidad real de reducir la tensión.
En general, la intención de Irán de implementar un sistema de cobro en el estrecho de Ormuz no solo reafirma su posición geoestratégica, sino que también podría reconfigurar los costos del transporte marítimo global. Si se concreta, las empresas navieras enfrentará nuevos desafíos en cumplimiento, costos y seguros, y los precios del transporte de energía podrían experimentar mayor volatilidad. En un escenario donde las reglas aún están por definirse y el conflicto no está claro, este paso en el paso de energía más importante del mundo se encuentra en una encrucijada de alta sensibilidad e incertidumbre. El rumbo futuro afectará directamente el comercio y la estructura del transporte marítimo global.