Si quieres que dos personas extremadamente egoístas compartan un pastel de manera justa, la mejor estrategia no es buscar a una persona noble para supervisar, sino cuatro palabras: tú cortas, yo elijo. Porque si la persona que corta no divide equitativamente, la porción mayor será tomada por la otra, por lo que en realidad se esforzará en cortar el pastel lo más uniformemente posible. Sin supervisión, ni necesidad de restricciones morales, ambas personas pueden ser egoístas hasta el extremo, pero el resultado será inevitablemente justo. Este pequeño truco aparentemente simple en realidad revela una lógica más profunda: la verdadera sabiduría en la justicia no consiste en reprimir la naturaleza humana, sino en diseñar reglas que hagan que la tendencia egoísta de las personas conduzca automáticamente a un resultado justo.

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