El próximo presidente de la Reserva Federal, Kevin W., designado por Trump, participó oficialmente en una audiencia en el Congreso anoche, y afirmó: mientras baja las tasas y reduce el balance, ambas acciones se llevan a cabo simultáneamente. Esta combinación aparentemente contradictoria, en el futuro, cambiará por completo la lógica de la liquidez global.


Primero, estableció su perfil, enfatizando la independencia de la Reserva Federal, y afirmó que la inflación descontrolada en los últimos años fue un fallo de política, que la credibilidad ya se ha agotado y que hay que recuperarla, además de reemplazar los métodos antiguos de medición de la inflación, incluyendo los cambios en productividad traídos por la IA en la política monetaria, sin aferrarse a los viejos indicadores y procedimientos rígidos.
En cuanto al balance, su postura es muy firme: se opone rotundamente a imprimir dinero y hacer QE de manera frecuente, considerando que la expansión constante del balance solo inflama los activos financieros y enriquece a los multimillonarios de Wall Street, mientras que los ciudadanos comunes no se benefician en absoluto. En el futuro, la Fed debe reducir lentamente su tamaño, abandonar tareas innecesarias, no sobrepasar los límites en asuntos fiscales, y volver a centrarse en controlar la inflación y la política monetaria. Además, la economía sólida puede soportar esta reducción gradual, priorizando la venta de bonos hipotecarios sobrantes, con un ritmo suave y sin frenar bruscamente, para evitar pánicos en el mercado.
En cuanto a las tasas de interés, no prometió una bajada inmediata, pero su postura ya es claramente acomodaticia. Específicamente, aclaró que no fue presionado por Trump para bajar las tasas, manteniendo su independencia, y señaló que reducir las tasas beneficiará a la economía real, a diferencia de la expansión descontrolada del balance que solo alimenta los mercados de capital. Además, con la IA mejorando la productividad y controlando la inflación a largo plazo, hay espacio para futuras bajadas de tasas.
Su idea es bastante sencilla: usar la reducción del balance para restringir la liquidez global en dólares, controlar los riesgos inflacionarios, y liberar espacio para bajar las tasas y apoyar la economía local de la Gran Belleza. La Fed ya no actuará como un banco central global que imprime dinero ilimitadamente para todo el mundo, sino que cerrará la válvula monetaria, priorizando la economía doméstica, en línea con la estrategia de prioridad de Trump en política monetaria.
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