He notado una dinámica curiosa en los últimos datos macroeconómicos: el PIB de EE. UU. en el cuarto trimestre en realidad no impresionó. En lugar del crecimiento esperado del tres por ciento, solo fue del 1,4% en términos anuales. Un enfriamiento serio, para ser honesto.



¿En qué consiste? Primero, influyó la suspensión del gobierno, lo cual siempre afecta la actividad. En segundo lugar, los consumidores redujeron notablemente sus gastos, lo cual no es típico para la economía estadounidense. La balanza comercial, además, se amplió y alcanzó su máximo en cinco meses. Resulta que hay más importaciones y menos consumo propio, lo cual no es una señal muy saludable.

Por supuesto, los políticos ya comenzaron a buscar culpables. Trump en las redes sociales señaló directamente que la pérdida de dos puntos porcentuales es resultado de la parada del gobierno, y ahora está activamente en contra de nuevas paradas y a favor de reducir las tasas de interés. La lógica es comprensible, aunque el PIB de EE. UU. cae por múltiples razones al mismo tiempo.

Pero lo interesante es esto: a pesar de esta debilidad en el cuarto trimestre, las previsiones para 2026 siguen siendo bastante optimistas. Se espera que los estímulos fiscales y las inversiones en inteligencia artificial den un nuevo impulso. Veremos si logran recuperar los ritmos.
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