El ex presidente de la CFTC, Chris Giancarlo, conocido como el “padre de las criptomonedas”, sostiene que los bancos estadounidenses necesitan con mayor urgencia un marco regulatorio claro que la propia industria de las criptomonedas. La validez de este argumento depende de varias premisas aún no verificadas.
(Resumen previo: Análisis profundo de la ley CLARITY: el juego de poder entre viejas y nuevas finanzas disfrazado de regulación)
(Información adicional: ¡Impactante! La Oficina de Supervisión Monetaria de EE. UU.: los bancos pueden comerciar y custodiar activos criptográficos libremente, sin aprobación previa)
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El ex presidente de la CFTC, Chris Giancarlo, conocido como el “padre de las criptomonedas”, planteó recientemente en el podcast The Wolf of All Streets que la industria bancaria estadounidense necesita con mayor urgencia un marco regulatorio claro que la propia industria de las criptomonedas. Argumenta que, mientras la industria cripto continúa desarrollándose bajo la estricta regulación del ex presidente de la SEC, Gary Gensler, los bancos permanecen inmóviles debido a la ambigüedad normativa.
Las palabras de Giancarlo fueron: “El director legal de los bancos le dirá a la junta directiva: —Hasta que no haya certeza regulatoria, no podemos invertir miles de millones de dólares.” La afirmación en sí no tiene problema, pero vale la pena preguntar: ¿realmente los bancos no avanzan por “falta de claridad regulatoria”, o es que la relación riesgo-retorno de los negocios cripto simplemente no encaja en la estructura de cumplimiento tradicional de los bancos?
El segundo argumento de Giancarlo es sobre la presión competitiva. Indica que Asia y Europa están acelerando la construcción de infraestructura de pagos digitales, y si EE. UU. no se pone al día, los bancos se convertirán en seguidores pasivos:
La red digital finalmente será construida. Entonces, los bancos estadounidenses dirán: “Nuestro sistema analógico, basado en la verificación de identidad, ya no funciona fuera de EE. UU., necesitamos modernizarnos.”
Este escenario es plausible, pero carece de un cronograma concreto y de indicadores cuantificables. La regulación europea, como el marco MiCA, ya está en marcha, y Singapur y Hong Kong también compiten por convertirse en centros de activos digitales. Sin embargo, el liderazgo del sistema bancario estadounidense en las finanzas globales se basa en la red de liquidación en dólares, la confianza en la Reserva Federal y mercados de capital profundos — ventajas que no se verán alteradas en el corto plazo solo por el ritmo de construcción de pagos digitales.
El problema no es si “se construirá o no la red digital”, sino si, una vez construida, los bancos estadounidenses podrán alcanzarla o superarla. Históricamente, las instituciones financieras de EE. UU. han demostrado su capacidad de ponerse a la cabeza en áreas como tarjetas de crédito, transacciones electrónicas y pagos móviles.
Giancarlo señala que, si la ley CLARITY no pasa en el Congreso, la SEC, a través del presidente Paul Atkins, y la CFTC, mediante Mike Selig, aún podrán impulsar marcos regulatorios mediante reglas administrativas.
Aquí hay una distinción importante: las reglas administrativas son mucho menos estables que una ley congresal. Un próximo gobierno puede revocarlas o modificarlas, y las empresas que inviertan basándose en reglas temporales enfrentan el riesgo de cambios políticos. Para los bancos, que necesitan invertir decenas de miles de millones de dólares, un conjunto de reglas que podría ser derogado en cuatro años no ofrece la certeza que buscan.
El principal punto de bloqueo de la ley CLARITY actualmente es la cláusula sobre los intereses de las stablecoins. Los bancos tradicionales temen que si las stablecoins ofrecen rendimientos, puedan provocar una fuga de depósitos. Esto no es solo un problema de “eficiencia legislativa”, sino un conflicto de intereses entre la industria bancaria y la criptoindustria. Giancarlo aboga por la legislación, pero no aborda esta contradicción fundamental.
El argumento central de Giancarlo — que los bancos necesitan con mayor urgencia un marco regulatorio claro que las criptomonedas — puede ser válido en términos lógicos, pero solo si se cumplen ciertas premisas: primero, que los negocios cripto sean una parte esencial de los ingresos futuros de los bancos estadounidenses; segundo, que la falta de claridad regulatoria sea la principal razón por la que los bancos no participan, y no un simple asunto de relación riesgo-retorno; y tercero, que tras la legislación, los bancos realmente ingresen en masa, en lugar de limitarse a cumplir con requisitos mínimos.
Actualmente, no hay suficiente evidencia que respalde ninguna de estas premisas. Si alguna no se cumple, la afirmación de que “los bancos necesitan más que las criptomonedas un marco regulatorio” solo será una estrategia retórica, no una descripción precisa de la realidad.