La guerra que involucra a Irán podría desencadenar un choque energético global que rivalice, y posiblemente supere, las crisis del petróleo de la década de 1970. Esa es la última advertencia del director de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, quien dice que la creciente interrupción en el Golfo se ha convertido en una amenaza importante para la economía mundial.
Hablando en Canberra, Birol dijo que la situación no se trata solo de petróleo. Ahora también afecta al gas natural y a los combustibles refinados. Ese impacto más amplio hace que la crisis actual sea más peligrosa para los mercados globales. Como resultado, los países que dependen en gran medida de las importaciones de energía, especialmente en Asia y Europa, enfrentan una presión creciente.
En el centro de la crisis se encuentra el estrecho de Ormuz, una de las rutas de envío de energía más importantes del mundo. Si los flujos a través del estrecho permanecen bloqueados o limitados, los mercados de energía podrían seguir bajo presión durante meses.
Los informes sugieren que el conflicto ya ha eliminado alrededor de 11 millones de barriles de petróleo por día del suministro. Las pérdidas de gas también han alcanzado aproximadamente 140 mil millones de metros cúbicos. Esa combinación ha generado temores de una nueva ola de inflación y un crecimiento económico más débil.
Las principales preocupaciones incluyen:
La IEA ya ha respondido coordinando la liberación de 400 millones de barriles de reservas de emergencia. Sin embargo, Birol dejó claro que las reservas solo pueden comprar tiempo. No pueden reemplazar completamente los flujos de energía estables del Golfo.
Los inversores parecen creer ahora que esto es más que un aumento temporal debido a la guerra. Según informes recientes, la infraestructura de petróleo y gas dañada puede tardar más de seis meses en recuperarse, incluso si los combates comienzan a disminuir pronto.
Eso importa porque la energía cara suele difundirse rápidamente por la economía. Por ejemplo, cuando los costos del combustible aumentan, a menudo los precios del transporte, la comida y las fábricas también siguen. Por lo tanto, la guerra en Irán ya no es solo un conflicto regional. Se está convirtiendo en un riesgo económico global que los responsables políticos no pueden ignorar.