Nada puede detener la expansión monetaria, ni siquiera la guerra. En conflictos mayores, los gobiernos siempre aumentan la oferta de dinero para financiar las necesidades militares y económicas. Durante la Primera Guerra Mundial (1913–1920), Estados Unidos aumentó su oferta de dinero M2 en aproximadamente un 117%. En la Segunda Guerra Mundial (1939–1948), la base monetaria de EE. UU. creció un 149%, y M2 casi un 200%.
Francia también siguió esta tendencia, casi cuadruplicando la oferta de dinero (~300%) durante la Primera Guerra Mundial. El caso más extremo fue Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial (1938–1945), con un aumento de aproximadamente el 432%. Estas cifras muestran una regla recurrente: cuanto mayor es la guerra, mayor es la expansión monetaria, dejando un impacto duradero en la economía.